El curso llega a su fin y con él también mi sueño. Este año ha sido realmente especial para mí en lo que al trabajo se refiere.
Esta es la tercera vez que tengo la enorme suerte de trabajar en la Escuela donde estudié, teniendo compañeros que en su día fueron mis profesores y disfrutando de un ambiente de trabajo que me llena y reconforta frente al año tan complicado que ha vivido la enseñanza pública de este país. Sigo aprendiendo día a día de alumn@s y profesores y noto casi palpablemente como poco a poco mi experiencia crece y yo misma también lo hago.
Debo decir que también siento auténtica debilidad por la directora (algún día escribiré sobre ella porque es caso aparte) y, si a todo esto le sumas que las carambolas de la vida quisieron que mi hermana y yo coincidiéramos en el mismo centro, sólo puedo estar triste porque este curso tan especial termine.
No es fácil trabajar en algo que te guste, es más, no es fácil trabajar a secas. Y si bien es cierto que he luchado intensamente por mi sueño y me tendrán que echar a patadas para que me vaya de este mundo, no puedo negar que soy una absoluta privilegiada y puedo decir alto y claro que mi trabajo me hace feliz.
Hoy , cuando corrijo los exámenes de mis chic@s y veo cómo algun@s han progresado, me siento orgullosa de ell@s .Sin embargo, toda moneda tiene su cruz y el sabor dulce de mi curso escolar casi culminado, se agría con la estupidez, el poco criterio y la mentalidad cuadriculada de parte de la administración que tan poco merecido tiene su sueldo y su trabajo.
Por todo lo anterior y por siempre: escuela pública de tod@s para tod@s.





